Me desperté y al levantarme lo vi todo nevado, como aquella
vez el primer día de 1900 que disfruté de la nieve yo sola, pero esta vez era
excesivamente perfecto como para romperlo yo. Bajé al comedor y estaba toda la
familia esperándome, por lo que me di cuenta de que iba tarde. Fui a pedir
disculpas pero nadie me reprochó rara, que raro…Al acabar de desayunar, mamá me
pidió que la acompañase al cuarto, solamente para descubrir que me estaba
esperando una especie de cuaderno, en el cual mi madre me dijo que podía volver
a escribir todo lo que descubriese, cosa que me dejó perpleja. ¿No fue ella la
que me quería mantener al margen de la ciencia para que me convirtiese en una
buena mujer? Pero como chica lista que soy, no me quejé, así que volví a mi
habitación con el libro entre las manos, pero por el camino me encontré a
Harry, que me quiso contar toda su historia amorosa desde que se enamoró de la
nariz que le permitía respirar, hasta que descubrió a la mujer de su vida, me enseñó
una foto, y para mi total sorpresa, ¡Era Lula!¡Lula Gates!, no, aquello no
podía estar sucediendo, bajé al laboratorio, y mi abuelo me estaba esperando
con una sonrisa, así que no demoré en ir corriendo a abrazarle, pero caí. Caí
hasta atravesar el suelo y seguir cayendo hasta que de repente me encontré
sobre un suelo de madera, y oí a la zarigüeya de las seis. Obviamente,
demasiado bonito para ser verdad.
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