Cuántos recuerdos al volver a casa, después de tanto tiempo.
Todavía me acuerdo de todas las veces que se la jugamos a Viola, o de cuantas
veces nos habíamos sentado en ese porche a contar luciérnagas, o esa cocina que
tanto había llegado a odiar, o…cuando llegamos al laboratorio se me partió el
corazón. Una pequeña parte de mi seguía esperando al abuelo con su sonrisa que
me dijera:”Muy bien Calpurnia, apunta esto también en tu cuaderno”. Tengo
grabado a fuego el día en que él se fue, y recordando la pérdida del hombre,
que hombre, la única persona que me entendió en esos tiempos de mente cerrada
donde los hombres eran hombres, y las mujeres tenían que estar en casa, me cayó
una solitaria lagrima. ¿Quién lo diría, eh abuelito?, ahora en la universidad.
Estudiando biología, tal y como tú me enseñaste. A no poner nombre a los
experimentos, y que en caso de ponérselos, no encariñarme. Petey fue una gran oruga, y una enorme polilla, pero siempre me
acuerdo como me hiciste que el tiempo de espera para ver su fea metamorfosis se
me hiciera eterno. Abuelo, ojalá estuvieras aquí, pero como sé que aunque no
estés siempre velarás por mí, estoy tranquila. Ojalá algún día llegue a ser la
mitad de grande de lo que llegaste a ser para mí. Te quiero abuelito.
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Descripción del sueño
Me desperté y al levantarme lo vi todo nevado, como aquella
vez el primer día de 1900 que disfruté de la nieve yo sola, pero esta vez era
excesivamente perfecto como para romperlo yo. Bajé al comedor y estaba toda la
familia esperándome, por lo que me di cuenta de que iba tarde. Fui a pedir
disculpas pero nadie me reprochó rara, que raro…Al acabar de desayunar, mamá me
pidió que la acompañase al cuarto, solamente para descubrir que me estaba
esperando una especie de cuaderno, en el cual mi madre me dijo que podía volver
a escribir todo lo que descubriese, cosa que me dejó perpleja. ¿No fue ella la
que me quería mantener al margen de la ciencia para que me convirtiese en una
buena mujer? Pero como chica lista que soy, no me quejé, así que volví a mi
habitación con el libro entre las manos, pero por el camino me encontré a
Harry, que me quiso contar toda su historia amorosa desde que se enamoró de la
nariz que le permitía respirar, hasta que descubrió a la mujer de su vida, me enseñó
una foto, y para mi total sorpresa, ¡Era Lula!¡Lula Gates!, no, aquello no
podía estar sucediendo, bajé al laboratorio, y mi abuelo me estaba esperando
con una sonrisa, así que no demoré en ir corriendo a abrazarle, pero caí. Caí
hasta atravesar el suelo y seguir cayendo hasta que de repente me encontré
sobre un suelo de madera, y oí a la zarigüeya de las seis. Obviamente,
demasiado bonito para ser verdad.
Alfabeto
A:Abuelo
B:Botánica
C:Ciencia
D:Descubrir
E:Especies
F:Fisgonear
G:Gatos
H:Hoja
I:Información
J:Jugar
K:Kepler
L:Laboratorio
M:Microscopio
N:Nochebuena
Ñ:Niñez
O:Observar
P:Planta
Q:Querer
R:Racismo
S:Sanjuanna
T:Tejer
U:Universidad
V:Vino
W:Washington
X:Experimentos
Y:Yayo
Z:Zarigüeya
El comienzo de la imaginación
Nos levantábamos a muy temprana hora, debido a que en ese
rincón del mundo hacía un calor similar al del infierno. Tan solo al
despertarnos, caminábamos como espectros sumidos en la más profunda oscuridad,
sin más luz que la que nos proporcionaba la luna o las luciérnagas. Ver las
luciérnagas cada mañana me recordaba al juego que llevábamos a cabo cada noche,
de ver quien conseguía avistar la primera luciérnaga del atardecer. Pero a esas
mañaneras horas no había ni ánimo ni ganas de jugar, así que obedecíamos e
íbamos a trabajar. Al acabar con las labores en el campo, al ser la única
mujer, me tocaba a mi aprender a hacer comida que odiaría por el resto de mi
vida con la receta memorizada de por vida. Después la tarde la podía pasar con
mi abuelito, el cual nunca decía que no a disfrutar de unas horas recogiendo
especímenes del río, nuestro lugar secreto favorito. Al volver a casa me
esperaba una cena caliente, y acto seguido, meterme en la cama para dormir y
prepararme para el día siguiente, que solía ser un monótono horario, sin contar
por supuesto que las horas con mi abuelo no eran nunca iguales.
Yo autor
Mi
nombre es Jacqueline Kelly, nací en el año 1964 en Nueva Zelanda, pero a muy
temprana edad me mudé a Canadá, para finalmente acabar en el desierto del Paso,
en Texas. Fue allí donde me licencié en biología, después en medicina, y
finalmente cursar en derecho. Desde muy temprana edad, despertó en mi un gran
afán para la lectura. De las primeras obras que pasaron por mis manos fueron la
serie de Doctor Dolittle,de Hugh
Lofting o El viento entre los sauces de
Kenneth Grahame, las cuáles fueron las que hoy día han hecho de mí una mujer
amante de la literatura. Después de ejercer de abogada durante una breve
temporada, descubrí que lo que realmente me llenaba era escribir, y, ¿Por qué
no?, escribir sobre ciencia, que para algo me saqué la licenciatura en biología
y medicina. El año 2009 me publicaron la que en mi opinión es “mi obra magna”, La evolución de Calpurnia Tate, que a
fecha de hoy, y en la humilde opinión de una servidora, creo que es mi mejor
trabajo.
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